jueves, 21 de enero de 2010

EN GRAND CENTRAL STATION ME SENTÉ Y LLORÉ


"Puede que el nombre de Elizabeth Smart no diga demasiado a mucha gente, incluso lectora. Y sin embargo pertenece a ese raro grupo de escritores que se convirtieron en iconos (aquí el sobado concepto tiene sentido) con apenas una obra. Y también a ese grupo de creadores apasionados en los que es imposible desligar vida y escritura porque ambas se retro alimentaron sin ocultamientos ni falsos pudores. Smart escribió, sobre todo, una novela, ‘En Gran Central Station me senté y lloré’, una obra de culto (otro sobado concepto que aquí vuelve a ser exacto), que ahora vuelve a las librerías en la edición de la editorial Periférica, que inicia con ella la colección ‘Largo recorrido’.
La biografía de Elizabeth Smart, una canadiense formada en Londres donde estudió piano, teatro y pintura, está marcada por su relación con el poeta George Barker, del que tuvo la primera noticia en 1937 cuando entró en una librería y se topó con uno de sus libros. Dicen las crónicas que en ese momento decidió que sería el hombre de su vida e hizo lo imposible por conocerlo. A pesar de que el poeta estaba casado, mantuvo con él una tormentosa relación que duró años y dio como fruto varios hijos. La parte inicial de esta relación es la que relata la novela, escrita mientras su autora estaba embarazada del que había decidido que sería el motor de una relación tan apasionada como literaria.
Algunos episodios, como la detención de la que fue objeto la pareja en otoño de 1940 cuando trataba de cruzar la frontera con Arizona, están relatados en el libro con un lenguaje brillante, a ratos febril, torrencial, como si hubiese salido a borbotones de la mente de la escritora. «Estoy convirtiéndome en líquido para invadir cada uno de sus orificios cuando abra la puerta. Tenaz como un pájaro recién nacido, todo boca con su único deseo, cierro los ojos y tiemblo, esperando el paraíso: va a tocarme», dice en uno de los pasajes.
Las doloridas y extraordinarias metáforas las imágenes llenas de una potencia sensual y turbadora emparentan a la escritora con otras contemporáneas suyas de la literatura en inglés como Anne Sexton o Sylvia Plath y no es casual que las referencias sean a dos poetas cuya vida también estuvo en su obra de una manera arrebatada.
Novela a menudo poética (por más que el adjetivo sea considerado peyorativo por algunos) y hermosamente literaria (lo que en algunos mentideros críticos también es una deshonra) que cuenta una historia de amor sin renunciar a la reflexión y ante la que cabría exclamar ¡Por fin gran literatura en una novela!
Un acierto de Periférica que anuncia la publicación de otro texto de la autora."
ANGELICA TANARRO
También dijeron esto:
"Provoca un placer en momentos angustioso"
Javier Morote, Pamplona
Si, momento angustioso de lectura...cada vez me gustan menos las mujeres plañideras. ¿Soy la única a la que no le ha gustado este libro?