miércoles, 6 de agosto de 2008

LA TEORÍA DE LOS OMBLIGOS



No cazo mariposas, las colecciono, pero tienen que ser de mentira. A veces me proponen hacer cosas. Sólo tengo que desear que alguien me invite, para que no lo haga. Es fácil pasar así el día, coleccionando mariposas que no puedo cazar con la mano. Es entretenido desaparecer de las obligaciones, descansar en minutos rellenos de ficciones, y juntar toda esa ficción, para ver si siento algo parecido a lo que siente esa mujer indiferente a todo, que no me puedo inventar y que no soy yo. No sé por qué abandoné a Samuel, no entiendo por qué no lograba reírme nunca con él. Hace ya cinco meses que no existe en mi vida.
Estoy sentada aburriéndome todos los cigarros con Andrés y su michelín digerido relleno de vulgaridad. La soledad es un muro de contención, un dique de palabras que no se dicen. Tengo tantas ganas de que me guste que cuando le beso, me imagino que es otra persona. No le soporto cuando dice que el servicio sudamericano es lo peor. Come compulsivamente aceitunas sin dejar ninguna para mí. .
- Si me aburro soy peligrosa, ten cuidado – le digo con tono amenazador
Es un mentiroso exquisito cuando me dice con voz preocupada: ¿Qué te pasa?
- Vamos a mi casa – me dice. Sonríe un poco. Bésame.
Y mi sonrisa queda fuera de cobertura. Es difícil la época de la contingencia. No tiene cuello. Muerdo, muerdo, muerdo. Los mordiscos son besos con falta de educación para hombres que no saben disfrutar del servicio sudamericano y te llevan directamente a la mierda.
Colecciono mariposas de mentira y gusanos de verdad.